jueves, 15 de enero de 2026

 




Ulises Carrión: El (no) escritor que hacía libros

 

 

Supe de Ulises Carrión en 2016, cuando visité una exposición de su obra en el Museo Reina Sofía. Me atrajo el lema del evento. DEAR READER, DON´T READ.

Luego se mencionaban algunos aspectos de su obra, fundamentalmente los llamados libros de artista. Visité la exposición, tomé algunas fotografías y me traje a casa el díptico con el lema y un texto explicativo.

Desde entonces había olvidado a Ulises Carrión. Hasta hace unos días, en que encontré, en el Rastro, un estuche de gran formato compuesto por dos tomos, uno titulado Ulises Carrión ¿Mundos personales o estrategias culturales? Y otro Libros de artista (Artist´s books), ambos en edición bilingüe. Compré el estuche a un precio excepcional como pude comprobar de regreso a casa tras una pesquisa en internet.

Ahora tengo los dos tomos sobre la mesa, los he hojeado con rigor y satisfacción pues incluyen un formidable aparato textual y visual: fotos, facsímiles de cartas, imágenes de la vida y obra de Carrión y excelentes estudios técnicos de colaboradores o eruditos en la materia. Por todo ello he decidido escribir sobre Carrión, un excéntrico convencido de su actividad, audaz en la búsqueda de recursos novedosos, en fin, un singular creador.

Carrión nació en San Andrés Tuxtla (Veracruz), México en 1941 y murió en Ámsterdam en 1989. Por tanto, murió joven, quizá antes de lo que debiera pasarle a un artista con tanto talento. Bueno, todos morimos a destiempo, quizá.

Si en el título de este artículo se denomina a Ulises Carrión como NO escritor es porque él mismo decidió dejar de escribir para dedicarse a algo que parecería ser actividad semejante o paralela. De joven Carrión publicó varios cuentos y obras de teatro y parecía insoslayable una carrera en lo literario. Pero, en un momento de su vida, se plantó y renunció a la escritura. O mejor decir que renunció a la literatura, pues en su obra la escritura (la ajena) es eje fundamental, como veremos.

Su proyección en el mundo literario mexicano comienza a desviarse en la década de los 60, cuando mediante varias becas estudia en la Sorbona, en el Instituto Goethe en Alemania y se gradúa en Lengua y Literatura en Leeds, Inglaterra. Allí entra en contacto con el grupo Beau Geste Press y, luego, ya trasladado a Amsterdan se integra en In-Out Productions donde realiza varios trabajos.

Carrión solía decir de aquellos años: «Yo comencé como literato, pero llegó un momento en que me di cuenta de que ese ámbito me quedaba chico y no podía continuar escribiendo cuentos y relatos en un sentido tradicional. Ahora el lenguaje sigue siendo mi materia prima, pero nada más que eso». Lo literario, al fin, se convierte en aspecto meramente ancilar de su obra futura.

Una renuncia, por tanto. Aquello que Susan Sontag llamó «la estética del silencio» y que alude a tipos como Rimbaud, Wittgenstein o Duchamp. Ulises Carrión renunció a escribir, pero también a leer, pues consideraba estas formas de expresión ya periclitadas. Tras el abandono de la literatura como ámbito restringido, el artista mexicano, inquieto y audaz, se interesa por la composición de libros que no concluyan su alcance en lo textual. Será la palabra, sí, los fragmentos, lo visual, la fotografía, lo que Carrión manejará con soltura y pericia artística. En Beau Geste Press publica Looking for Poetry y Arguments (1973) y en esa década define con detalle sus intereses.

Su propuesta va en contra (o fuera) del ámbito de los productos industriales editoriales. Nace así, Other books and So (1975-1978), donde reúne a artistas y editores fuera del sistema oficial. Sus libros trascienden pronto y llegan a otras ciudades y otros países. Carrión trabaja con nutridos archivos de documentos (textuales, visuales) que luego utiliza en sus obras. Son libros alternativos. Su interés es que el artista sea el responsable de todo el proceso (ideas, creación, promoción, distribución). Sus libros no son textos que un autor escribe y entrega a un sistema mercantil; sus libros son objetos trabajados por el artista de principio a fin. Contenido, forma, publicación, todo es tarea del artista. «En un libro de artista una sola persona está encargada de toda la producción: por el contenido, por la forma, por todo. Se puede también comparar con el arte», afirma Carrión.

Todo esto le lleva a crear el Mail Art. Lo pone en acción con dos proyectos fundamentales: Definitions of Art y Erratic Art Mail International System, ambos en 1977. Lo que trata Carrión es ofrecer una alternativa al Sistema Oficial de Correos. Carrión considera al Mail Art el modelo ideal como sistema de comunicación, pues integra la idea de distribución y qué mejor modo de expandir la ideología que mediante la distribución postal. Convierte, así, al «arte correo como arma letal o política».

Un aspecto interesante de la obra de Carrión es que se fundamenta en un archivo. El archivo es en sí una obra de arte, pues acumula documentos de todo tipo: textos impresos, cartas, postales, dibujos, video-performance, audio. En las propias palabras de Carrión, escuchamos: «El archivo es también un producto de mi desarrollo teórico, al cual he llegado a considerar claramente más que mi idea del arte, que no está reducida sólo a la hechura de objetos y eventos».

Así pues, Ulises Carrión aconsejaba al lector no leer y al escritor (él mismo) no escribir. ¿Entonces? ¿Por qué dedico un texto a un tipo que parecía «contra» lo literario? Pues porque intuyo que no es tanto así. Si uno “lee” sus libros de artista sigue viendo ahí la materia del lenguaje como materia prima de su arte. La imagen, el sonido, lo conceptual, lo fragmentario, sí, acompañan a la palabra, la palabra quizá dispersa, desvinculada de significado político, gastado. 

Querido lector, lea a Ulises Carrión.


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