Ulises Carrión: El (no) escritor que hacía libros
Supe de Ulises
Carrión en 2016, cuando visité una exposición de su obra en el Museo Reina
Sofía. Me atrajo el lema del evento. DEAR READER, DON´T READ.
Luego se
mencionaban algunos aspectos de su obra, fundamentalmente los llamados libros
de artista. Visité la exposición, tomé algunas fotografías y me traje a
casa el díptico con el lema y un texto explicativo.
Desde entonces
había olvidado a Ulises Carrión. Hasta hace unos días, en que encontré, en el
Rastro, un estuche de gran formato compuesto por dos tomos, uno titulado Ulises
Carrión ¿Mundos personales o estrategias culturales? Y otro Libros de
artista (Artist´s books), ambos en edición bilingüe. Compré el estuche a un
precio excepcional como pude comprobar de regreso a casa tras una pesquisa en
internet.
Ahora tengo
los dos tomos sobre la mesa, los he hojeado con rigor y satisfacción pues
incluyen un formidable aparato textual y visual: fotos, facsímiles de cartas,
imágenes de la vida y obra de Carrión y excelentes estudios técnicos de
colaboradores o eruditos en la materia. Por todo ello he decidido escribir
sobre Carrión, un excéntrico convencido de su actividad, audaz en la búsqueda
de recursos novedosos, en fin, un singular creador.
Carrión nació
en San Andrés Tuxtla (Veracruz), México en 1941 y murió en Ámsterdam en 1989.
Por tanto, murió joven, quizá antes de lo que debiera pasarle a un artista con
tanto talento. Bueno, todos morimos a destiempo, quizá.
Si en el
título de este artículo se denomina a Ulises Carrión como NO escritor es porque
él mismo decidió dejar de escribir para dedicarse a algo que parecería ser
actividad semejante o paralela. De joven Carrión publicó varios cuentos y obras
de teatro y parecía insoslayable una carrera en lo literario. Pero, en un
momento de su vida, se plantó y renunció a la escritura. O mejor decir que
renunció a la literatura, pues en su obra la escritura (la ajena) es eje
fundamental, como veremos.
Su proyección en el mundo literario
mexicano comienza a desviarse en la década de los 60, cuando mediante varias
becas estudia en la Sorbona, en el Instituto Goethe en Alemania y se gradúa en
Lengua y Literatura en Leeds, Inglaterra. Allí entra en contacto con el grupo
Beau Geste Press y, luego, ya trasladado a Amsterdan se integra en In-Out
Productions donde realiza varios trabajos.
Carrión solía
decir de aquellos años: «Yo comencé como literato, pero llegó un momento en que
me di cuenta de que ese ámbito me quedaba chico y no podía continuar
escribiendo cuentos y relatos en un sentido tradicional. Ahora el lenguaje
sigue siendo mi materia prima, pero nada más que eso». Lo literario, al fin, se
convierte en aspecto meramente ancilar de su obra futura.
Una renuncia,
por tanto. Aquello que Susan Sontag llamó «la estética del silencio» y que alude
a tipos como Rimbaud, Wittgenstein o Duchamp. Ulises Carrión renunció a escribir,
pero también a leer, pues consideraba estas formas de expresión ya
periclitadas. Tras el abandono de la literatura como ámbito restringido, el artista
mexicano, inquieto y audaz, se interesa por la composición de libros que no
concluyan su alcance en lo textual. Será la palabra, sí, los fragmentos, lo
visual, la fotografía, lo que Carrión manejará con soltura y pericia artística.
En Beau Geste Press publica Looking for Poetry y Arguments (1973)
y en esa década define con detalle sus intereses.
Su propuesta
va en contra (o fuera) del ámbito de los productos industriales editoriales. Nace
así, Other books and So (1975-1978), donde reúne a artistas y editores
fuera del sistema oficial. Sus libros trascienden pronto y llegan a otras
ciudades y otros países. Carrión trabaja con nutridos archivos de documentos
(textuales, visuales) que luego utiliza en sus obras. Son libros alternativos.
Su interés es que el artista sea el responsable de todo el proceso (ideas,
creación, promoción, distribución). Sus libros no son textos que un autor
escribe y entrega a un sistema mercantil; sus libros son objetos trabajados por
el artista de principio a fin. Contenido, forma, publicación, todo es tarea del
artista. «En un libro de artista una sola persona está encargada de toda la
producción: por el contenido, por la forma, por todo. Se puede también comparar
con el arte», afirma Carrión.
Todo esto le
lleva a crear el Mail Art. Lo pone en acción con dos proyectos fundamentales: Definitions
of Art y Erratic Art Mail International System, ambos en 1977. Lo
que trata Carrión es ofrecer una alternativa al Sistema Oficial de Correos.
Carrión considera al Mail Art el modelo ideal como sistema de comunicación,
pues integra la idea de distribución y qué mejor modo de expandir la ideología
que mediante la distribución postal. Convierte, así, al «arte correo como arma
letal o política».
Un aspecto
interesante de la obra de Carrión es que se fundamenta en un archivo. El
archivo es en sí una obra de arte, pues acumula documentos de todo tipo: textos
impresos, cartas, postales, dibujos, video-performance, audio. En las propias
palabras de Carrión, escuchamos: «El archivo es también un producto de mi
desarrollo teórico, al cual he llegado a considerar claramente más que mi idea
del arte, que no está reducida sólo a la hechura de objetos y eventos».
Así pues,
Ulises Carrión aconsejaba al lector no leer y al escritor (él mismo) no
escribir. ¿Entonces? ¿Por qué dedico un texto a un tipo que parecía «contra» lo
literario? Pues porque intuyo que no es tanto así. Si uno “lee” sus libros de
artista sigue viendo ahí la materia del lenguaje como materia prima de su arte.
La imagen, el sonido, lo conceptual, lo fragmentario, sí, acompañan a la
palabra, la palabra quizá dispersa, desvinculada de significado político,
gastado.
Querido
lector, lea a Ulises Carrión.
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