Incensurable
Luna Miguel
Lumen, 2025
225 páginas
«Leer mata»,
avisaba Luna Miguel en un libro anterior a este que hoy desentrañamos. Leer
mata, vale. Leer, también, enloquece. Vean si no a Alonso Quijano, o a Madame
Bovary. Leer mata, además de un aviso, es el título del libro que Luna Miguel
publicó en 2022 en La Caja Books. Aquel libro, el primero que leía de la
autora, me ha traído a este Incensurable. Si aquel era un librito
compacto sobre los efectos de la lectura, este es un libro expandido sobre las
posiciones de ciertos lectores ante los textos. Lo incensurable es,
propiamente, la lectura.
Toda lectura
es válida y toda lectura ha de ser arriesgada. Leer es una actividad de riesgo.
Lo dice así la autora: «Leer, casi tanto como escribir, significa asumir
riesgos.» Y más adelante nos presenta una magnífica metáfora, la de que «leer,
casi tanto como escribir, significa poner el cuerpo». Y esto me ha recordado
aquello de que hablaba Michel Leiris sobre que el escritor ha de introducir «la
sombra de un cuerno de toro en la obra literaria».
Similar riesgo
ha de tomar lector y lectora ante la obra literaria que quiera abordar. En Incensurable
el riesgo es evidente. Lo toma la autora y lo asume, también, la protagonista,
Lectrice Santos, que nos trae/lleva de la mano por el texto hacia el dramático
final. Su dramático final. No hace mucho leí un libro de Kate Zambreno en el
que decía estar convencida de que «ser lector es un proyecto mucho más ético»
que ser un mero autor. En Incensurable, Luna Miguel parece confirmar tal
afirmación, al otorgar el protagonismo a una lectora vital.
Hacer la
lectura/relectura de Lolita, ese libro de Vladimir Nabokov tan comentado
y quizá tan mal leído es uno de tantos aciertos del texto de Luna Miguel. Hablar
de un libro que, en tiempos de cancelación, sería anatema para tantos
canceladores. Este es el cuerno de toro del que hablaba Leiris. Porque leer
bien es, también, acercarse a textos incómodos o que, de primeras, nos repelen.
El lector puede ser un artista. Lo dijo Oscar Wilde con aquello de que el
crítico sería el artista del futuro. Y yo siempre entendí que el artista del
que hablaba Wilde eran los lectores y lectoras por venir.
Nabokov
pensaba igual al considerar, como recordaba su mujer Vera, que un buen lector
es un artista. «Ni un detective ni un filólogo moralista, sino alguien capaz de
hacer arte con su manera de pasear los ojos por la página». Es algo de lo que
Borges achacaba a cierto lector que antepone la estructura a la emoción. Lo
dijo en su texto La supersticiosa ética del lector. Hay lectores que no se
fijan en «la eficacia del mecanismo» y se detienen vacuamente en la
charlatanería de las formas.
La eficacia
del mecanismo que pone en marcha Luna Miguel en su libro promueve un lector
vinculado con la emoción. Y este es otro de los aciertos de Luna Miguel. El
modo en que hace la relectura de Lolita. Relee el libro desde la emoción
de lectora total. Su lectrice/lectora somatiza la lectura, se la bebe,
se embriaga de texto (y sí, también de alcohol) hasta perder el juicio (que no
el buen juicio) de lectora artista.
Pero volvamos
al principio. Al principio del libro. ¿Es este una novela? ¿Es un texto de
crítica? Pues todo y nada de eso. El recurso de que Lectrice Santos se presente
para darnos una charla sobre la censurada Lolita convierte al libro en
una explosión de brillante literatura performativa. Como tantas de las
asistentes iniciales a la censurada conferencia de Santos, habrá lectoras de Incensurable
que se descuelguen por el espanto de acercarse a un texto como Lolita. «A
veces censurar significa no escuchar lo que la otra tiene que decirnos». Aquellos
que se mantengan serán recompensados.
El modo
conferencia en que Luna Miguel propone que su Lectrice nos provea de las claves
de lectura del texto de Nabokov hace que la historia fluya como un chute en
vena. La peripecia del acoso de las canceladoras, la escapada a la casa de la
conferenciante, las trasposiciones temporales, los relatos referenciales, las
citas… Todo ese artefacto prodigiosamente erigido por la autora convierte Incensurable
en una fiesta (¿orgía?) para el lector.
Y es que este
libro, sí, habla y trata de Dolores Haze y del paroxismo de Humbert Humbert. Y
de Nabokov, autor prodigioso y, a la vez, repelente/contundente. Sin embargo,
no habla tan sólo de eso. Lo que hace de Incensurable una propuesta con
aires de permanencia en la constelación literaria en español es que promociona
una forma de leer, un modo de posicionarse ante textos incómodos.
En apariencia el
libro de Luna Miguel está destinado a los incondicionales lectores del autor
ruso/norteamericano, entre los que, confieso, me incluyo, pero no es tan así,
pues la escritora trasciende lo meramente hermenéutico y textual. Hay en Incensurable
una virtualidad compleja que duplica esa «eficacia del mecanismo» de que
hablaba Borges. Y quien no haya leído Lolita deseará leerlo tras
embarcarse en la peripecia de la Lectrice/Luna que nos invita a quedarnos con
ella (s) en su lecho caliente. «¿Me van a dejar sola o quieren esperar al
amanecer leyendo en mi cama?», pregunta Lectrice Santos al final de la
conferencia.
Sí, nos
quedamos, diremos la mayoría de las lectoras (y lectores). Leer mata, leer
embriaga. «Una de las cosas más absorbentes que tiene la lectura sobre la
lectura es que no se puede pensar en otra cosa que no sea la lectura», escribió
Luna Miguel en otro libro. Pues eso, no piensen en otra cosa ¿para qué?











