Algo
quedará de mí
Mercedes Monmany
Galaxia Gutenberg, 2026
438 páginas
Después de la guerra,
durante los procesos de Núremberg en 1946, una de las testigos de cargo,
Marie-Claude Vaillant-Couturier, superviviente de los campos, dijo: «Hablo por
las que ya no están, espero que no se me olvide nada; nos dijimos “no es
posible que todas muramos como ratas, ¡que se sepa, que el mundo lo sepa!”»
Ese grito
podría ser el lema (además del explícito título) de este maravilloso libro de
Mercedes Monmany, pues lo que ha hecho la autora recogiendo los destinos de
diez de las más relevantes mujeres que pasaron por Ravensbrück es darles voz,
hablar por las que ya no están, mantener la impronta de la memoria. Porque una
cosa está clara, los acontecimientos que se narran, los testimonios de tantas
personas que sufrieron aquel tiempo de terror no son hechos periclitados, algo
que no volverá a suceder con seguridad. La realidad contemporánea nos demuestra
que no estamos libres de repetir similares calamidades.
Por
eso este libro de Monmany es muy pertinente. Y hay que decir que no se trata de
un mero ensayo sino de la narración de diez vidas reales que vivieron —y
algunas murieron— en el campo de Ravensbrück durante el terror nazi. Con la
habitual maestría y afinada mirada literaria, Mercedes Monmany transita el
pasadizo de la historia para ponernos ante los ojos las experiencias más
terribles y siniestras en la Europa del siglo XX.
En el libro
comparecen la etnóloga Germaine Tillion, la dramaturga Charlotte Delbo, la
brigadista Lise London, la periodista, amiga de Kafka, Milena Jesenska y otras
tantas mujeres más que, con su peripecia y sacrificio, son el testimonio de
aquel horror.
La primera
mujer de la que trata el libro, Germaine Tillion, es paradigmático.
Superviviente del campo, en 1972 publicó su libro Ravensbrück, que
representó un descarnado testimonio de su paso por el campo y puso voz a
aquellas que sucumbieron a las cámaras de gas o a los fusilamientos. Tillion,
por su formación académica y su gran amplitud humana, se convirtió en referente
de otras reclusas, que veían en Germaine la tenacidad de una heroína. Como
diría años después la propia Tillion, en conversación con su amiga y también
superviviente del campo, Geneviève de Gaulle, «se trataba de demostrar
mentalmente, de entender el funcionamiento de una mecánica, incluso si te
estaba aplastando en esos momentos, de afrontar lúcidamente y en todos sus
detalles una situación, en ocasiones desesperada».
Un aspecto que
centra la atención de Monmany es la dificultad que muchas de estas mujeres
encontraron tras la guerra, una vez regresadas a la libertad, para dar
testimonio de sus experiencias. Muchas supervivientes, como Tillion, Geneviève
de Gaulle o la alemana Margarete Buber-Neumann escribieron sendos libros en los
que trataron de explicar sus terribles vivencias en el campo. Tras la
Liberación hubo un intento general de olvido de los horrores vividos y muchas
de las supervivientes encontraron trabas para publicar sus testimonios.
La prioridad
era «exaltar, sobre todo, la victoria militar sobre el fascismo, la épica, los
relatos heroicos de soldados, de grandes operaciones militares o batallas que
se saldaron con el triunfo de los Aliados», nos dice la autora. Muchas
editoriales rechazaron los testimonios escritos de la mujeres de Ravensbrück,
pero finalmente se fueron publicando libros como el de Charlotte Delbo, Ninguno
de nosotros volverá o el de Geneviève de Gaulle, Travesía de la noche.
Después
llegarían libros de memorias como el de Lise London, La madeja del tiempo,
o el de Margarete Buber-Neumann, Prisionera de Stalin y Hitler, donde
denunciaba tanto los gulags rusos como los campos nazis. También las ejecutadas
en los campos o muertas por enfermedades o maltrato tuvieron su recuerdo en
aquellos años posteriores a la guerra y ahora en libros como este de Monmany.
Casos como los
de Viollette Szabo, espía que trabajó para los británicos, Anne de Bauffremont,
perteneciente a la Resistencia de París o Milena Jsenská, periodista checa, que
murió en el campo de Ravensbrück en 1944. Todas ellas forman parte del legado testimonial
que nos ha llegado en impresionantes libros de memorias o en ensayos.
Este de
Mercedes Monmany, en su excelencia bibliográfica y en su vibrante narración
literaria, representa la vigencia del recuerdo, la pertinencia de la denuncia
de unos hechos siniestros de un tiempo que no debería regresar al mundo
civilizado.
Como ha dicho
la propia Monmany en reciente entrevista citando a Primo Levi, también
superviviente de los campos nazis: «Mi voz es la de uno, pero querría que
representara a otras muchas voces anteriores.»
Pues bien, en
este gran libro, Mercedes Monmany representa la voz de muchas otras anteriores.

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