Decir noche
Elisa Rodríguez Court
Eutelequia, 2012
Decir noche,
el libro de Elisa Rodríguez Court que acabo de leer es, se puede arriesgar, una
instalación literaria. Ahí está su ubicación material, un jardín de estatuas
sin ojos, al modo de las imágenes metafísicas de Giorgio de Chirico; ahí, también,
sus elementos, poco ornamentales, es cierto. Autores que entran y salen del
espacio para convencer a Lord Chandos de que, aún, la escritura es posible.
La autora
coloca—instala— al Lord Chandos de Hofmannsthal en el centro del jardín y a
Emily Dickinson en una ventana de su cuarto con vistas al jardín. Son los dos
protagonistas del texto con sus propios textos, la Carta del Lord, y los poemas
de la poeta.
La autora…,
perdón, la narradora se presenta «sentada ante mi escritorio salto con la vista
de un libro a otro. Releo pasajes y frases que he ido subrayando, así como mis
anotaciones en los márgenes de las páginas. Elijo un tema y busco algún nexo
entre las ideas a fin de elaborar un texto propio.»
Al jardín, como
en una especie de teatro de las apariciones, entran y salen autores. Por allí
hacen presencia Kafka, Marguerite Duras, Flaubert, Virginia Woolf, Rodrigo
Fresán y otros muchos. Un autor de reiteradas entradas y salidas es Enrique
Vila-Matas, que como es costumbre desaparece y reaparece convertido en otro.
De todos
ellos, la narradora, atrapa citas, fragmentos de obras, declaraciones, pues
como confiesa es «cazadora de escrituras». Y, como se culpa sin culpa, es una
ladrona (de textos ajenos). Y eso es lo que el observador (lector o lectora)
agradece y se confabula con la narradora, una Beatriz (dantesca) que nos guía por
los círculos del jardín y por los laberintos de la literatura.
Leer Decir
noche, un libro que la autora escribió en 2012 y que, quizá ella misma
haya olvidado, pasado página (a otras voces, otros ámbitos), es reestablecer la
confianza en el texto, en la literatura, en la apropiación poética del
lenguaje. El Lord Chandos lo pasa mal, el pobre, con su desconfianza en las
palabras, pero el lector de este libro, gracias a la autora, se resarce de la
oblicuidad de ese lenguaje. Aquí Emily ayuda, desde su ventana.
Elisa
Rodríguez Court ha escrito —escribió— un libro imperecedero, anti novedoso, un
libro de pura literatura. Y aunque parezca otra cosa es una novela. Una
magnífica novela de intriga y de confesiones.

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