miércoles, 29 de abril de 2026

 


Decir noche

Elisa Rodríguez Court

Eutelequia, 2012


Decir noche, el libro de Elisa Rodríguez Court que acabo de leer es, se puede arriesgar, una instalación literaria. Ahí está su ubicación material, un jardín de estatuas sin ojos, al modo de las imágenes metafísicas de Giorgio de Chirico; ahí, también, sus elementos, poco ornamentales, es cierto. Autores que entran y salen del espacio para convencer a Lord Chandos de que, aún, la escritura es posible.

La autora coloca—instala— al Lord Chandos de Hofmannsthal en el centro del jardín y a Emily Dickinson en una ventana de su cuarto con vistas al jardín. Son los dos protagonistas del texto con sus propios textos, la Carta del Lord, y los poemas de la poeta.

La autora…, perdón, la narradora se presenta «sentada ante mi escritorio salto con la vista de un libro a otro. Releo pasajes y frases que he ido subrayando, así como mis anotaciones en los márgenes de las páginas. Elijo un tema y busco algún nexo entre las ideas a fin de elaborar un texto propio.»

Al jardín, como en una especie de teatro de las apariciones, entran y salen autores. Por allí hacen presencia Kafka, Marguerite Duras, Flaubert, Virginia Woolf, Rodrigo Fresán y otros muchos. Un autor de reiteradas entradas y salidas es Enrique Vila-Matas, que como es costumbre desaparece y reaparece convertido en otro.

De todos ellos, la narradora, atrapa citas, fragmentos de obras, declaraciones, pues como confiesa es «cazadora de escrituras». Y, como se culpa sin culpa, es una ladrona (de textos ajenos). Y eso es lo que el observador (lector o lectora) agradece y se confabula con la narradora, una Beatriz (dantesca) que nos guía por los círculos del jardín y por los laberintos de la literatura.

Leer Decir noche, un libro que la autora escribió en 2012 y que, quizá ella misma haya olvidado, pasado página (a otras voces, otros ámbitos), es reestablecer la confianza en el texto, en la literatura, en la apropiación poética del lenguaje. El Lord Chandos lo pasa mal, el pobre, con su desconfianza en las palabras, pero el lector de este libro, gracias a la autora, se resarce de la oblicuidad de ese lenguaje. Aquí Emily ayuda, desde su ventana.

Elisa Rodríguez Court ha escrito —escribió— un libro imperecedero, anti novedoso, un libro de pura literatura. Y aunque parezca otra cosa es una novela. Una magnífica novela de intriga y de confesiones.


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